Sobre las muestras de cine y los placeres críticos…
Siento rabia. Siento pena. Siento frustración.
Hace algún tiempo, la sexualidad volvió a convertirse en debate público en el contexto de una muestra internacional de cine y placeres críticos.
He intentado comprender el origen de lo que siento. Me da rabia y frustración ver, una vez más, cómo estos temas se polarizan. Cómo, desde la política y los medios, independientemente del color que sea, se construyen discursos rígidos y antagónicos que transmiten la sensación de que el enorme y riguroso trabajo de otras personas puede convertirse en un arma para atacar al oponente. Me da tristeza ver cómo esto repercute en las personas, tanto en quienes llevan años trabajando para gestar estos espacios como en la confusión y las falsas ideas que puede generar en la población.
La sexualidad, en su amplia expresión, es un eje fundamental de la vida de las personas. Se relaciona con quiénes somos, cómo nos comportamos, con quiénes nos vinculamos, cómo nos relacionamos y cómo pensamos, entre muchos otros aspectos. Además, la sexualidad y una de sus funciones fundamentales, el placer, se vinculan directamente con la salud general, la salud mental y el bienestar. Por lo tanto, hacerse cargo de la sexualidad de la población, desde la educación, la promoción y la atención, es un deber.
Cuando las personas experimentan un malestar o un problema relacionado con su sexualidad, esto puede repercutir enormemente en su día a día, en su calidad de vida y en su salud, y generar un gran sufrimiento. Sin embargo, no debemos atender solo el sufrimiento: también debemos apuntar al desarrollo pleno de las personas y, por lo mismo, al desarrollo pleno de su sexualidad.
Para mí, eso es lo que hacen estos espacios. Las muestras de cine y de placeres críticos se transforman en una experiencia que permite a las personas adultas, muchas de las cuales no hemos tenido una educación sexual formal, aunque sí informal, reflexionar de manera crítica y lúdica sobre la sexualidad.
A través del cine, los conversatorios, la participación de personas expertas en determinadas temáticas, de activistas y protagonistas, así como de la experiencia compartida (que habitualmente se vive en soledad), el humor, el placer y la transgresión nos invitan a cuestionar nuestras creencias, a encontrarnos con las narrativas de otras personas, a compartir sensaciones y a imaginar otras formas de narrar la sexualidad.
Actualmente existe un gran vacío educativo entre las personas adultas, sin profundizar aquí en otras poblaciones. A través de esta modalidad, que por supuesto no es la única posible, estas experiencias pueden abrir conversaciones y reflexiones en torno a los cuerpos, el consentimiento, los placeres, los afectos, los vínculos, el trabajo sexual, las prácticas sexuales, el cuidado mutuo y mucho más.
Por lo tanto, sí: siento rabia. Siento pena. Siento frustración. Porque creo fervientemente que estos espacios son necesarios, al igual que muchos otros.